martes, mayo 29, 2007

El camino entero

Pasan los días y sin que te des cuenta... pasa media vida. Miras atrás y ves todo lo que has ido superando: momentos felices, momentos trágicos, días en que no paras de sonreír y días que te gustaría borrar de tu memoria. Pero todo ello tiene su razón. Tuviste que llorar un día para estar como estás hoy: con una sonrisa de oreja a oreja. Ves una figura a tu lado, donde un día hubo vacío. Ves que tus manos y las suyas están enlazadas, pero ya no tienen dedos. Un nudo de raíces van tomando poco a poco el cuerpo del otro. No ahogan, dan cobijo cuando hace frío y dejan pasar el aire fresco cuando hace calor. Su simple presencia te tranquiliza, te estabiliza, te hace sentir más segura de ti misma. Habéis vivido tantas cosas juntos que explicarlo con palabras sería una tontería.
Y ahora, vosotros dais un paso en la misma dirección. Sonriendo y unidos por vuestras raíces. Sabéis que es un recorrido largo, pero no os importa, tenéis toda una vida para recorrer el camino entero.

sábado, marzo 31, 2007

Ecos

Con las yemas de los dedos rozaba el cielo y con las puntas de los pies tocaba el suelo. Me alzaba hasta el infinito con los ojos cerrados y al abrirlos la luz me cegaba.
¿Dónde creía que iba a llegar?
Nadie podía abarcarlo todo. Me arriesgaba a despegarme de la tierra y ascender como un globo de helio.
No es sencillo coger mi mano cuando mis pasos son tan imprevisibles.
Lo único que hago es negarme y esperar en ciudades en llamas.



O mesas vacías.

domingo, febrero 11, 2007

Días

Me gusta pasar la mano sobre la almohada caliente, porque sé que has estado a mi lado durante toda la noche. Despertar con tu aroma entre las sábanas y tus suaves manos rozando mi cintura. Los primeros rayos de sol que entran por la ventana te iluminan los ojos verdes, brillantes. Me estás mirando. Siento tu respiración junto a mí y tus labios pegados a mi hombro, que reciben el primer beso del día (o eso creo yo).
Sé que todos los días que empiezan así, son especiales. Todo el día con las mariposas en el estómago y con una sonrisa imborrable. Los lazos que unen nuestras manos no se deshacen en ningún momento y nuestros labios aprovechan el mínimo descuido para encontrarse en cualquier sitio.
Lo mejor, es que sé tan bien como tú, que tras ese día vendrá otro, y tras ese, otro y otro y otro. Porque aunque a veces sintamos tanta distancia entre tu piel y la mía, sabemos que recorremos un mismo camino, con unas mismas señales, que llevan a un mismo fin: nosotros. También sé, que cuando termine de caminar, ahí estarás tú, esperándome, como tus ojos cuando amanece un nuevo día.

martes, febrero 06, 2007

...

Tú te dedicaste a hacer un cilindro con el papel que habías arrancado de la botella de agua. Sentado sobre la cama con la mirada perdida entre tus manos y mis pies, escuchabas cada uno de mis pasos entre los armarios y las maletas. Yo recogía todo lo que me pertenecía. Después de tanto tiempo, todo iba a quedar en un simple “adiós”, que sin duda iba a resonar en esa casa durante mucho tiempo. En la radio sólo se oían interferencias sobre cualquier canción. El sonido del cierre de la cremallera de mi última bolsa de viaje te despertó del sueño que parecía perderse entre el análisis químico que tenías entre manos.
― ¿Te vas ya?
Parecías emocionado por ello, supongo que no pensaste demasiado la frase. O sí.
Yo no abrí la boca. Me enfundé en mi abrigo marrón, recogí todas las bolsas que pude y salí. Nunca volvería a recorrer ese pasillo en el que una bombilla se encendía y se apagaba continuamente. Subí al coche con mil lágrimas en los ojos. Sabía que parte de la culpa era mía, pero era demasiado orgullosa para volver.
Tras dos vueltas a la manzana, mis pies recorrían ese pasillo en dirección contraria. El “lo siento” que llevaba en las manos cayó al suelo. Ahora entendía que era demasiado tarde.

miércoles, enero 10, 2007

Feliz cumpleaños, Diego

No diré nada que no haya dicho. No eres hoy especial, tan sólo es tu cumpleaños y tú siempre eres especial. Me gustaría poder felicitarte abrazándote, besándote y susurrándote, pero no puedo y lo único que me quedan son las palabras.

He tejido cien textos, he anudado miles de palabras y he dicho decenas de ideas, pensamientos y sentimientos, pero hoy me he dado cuenta de que nada consigue expresar lo que siento realmente. Esos "te quieros" que resuenan, suenan solo a "te quiero" y nosotros somos mucho más que eso. Somos de miradas que paran el tiempo, que entran por las pupilas y se pierden infinitamente hasta que una oleada de frío nos recorre haciendo que nos sea imposible hablar. Somos de besos que cierran los ojos y se pierden por el cuerpo. No nos vemos, pero nos sentimos. Las lenguas laten y se enredan en nudos que nunca se deshacen. Y al abrir los ojos, es de noche.

Ahora no puedo mirarte, ni besarte, pero puedo decirte que con tus manos has formado lo que soy, porque ahora soy. Mi sonrisa solo apareció al ver la tuya y mis lágrimas las secaron tus labios. Eres todo lo que quiero, eres todo lo que me das, eres todo lo que soy. Solo cabe dar las gracias y como me apresuré en decirte repetidamente anoche:

Feliz cumpleaños, Diego.



viernes, diciembre 29, 2006

Lo siento, hoy sólo sé llorar...

Hoy sólo quiero llorar. No tengo ganas de nada, porque no tengo nada, porque tú eres todo y no estás a mi lado. Quiero cambiar muchas cosas y que todo siga igual. Sé que puedo cambiarlas, pero no lo hago. No sé porqué. Es imposible. Otras no puedo moverlas y duele demasiado cuando trato de estirar. Quiero coger toda la basura que huelo a mi alrededor y llevarla lejos. Quiero agarrarte de la mano y traerte conmigo. No estoy donde debo estar, no estoy donde quiero estar, no estoy con quien quiero estar, no estoy como quiero estar. Y todo eso me hiere.
Pido demasiado, aunque todo esté al alcance de mi mano. Todo el mundo me indica por dónde ir, pero en realidad poca gente agarra mi mano para acompañarme.
Tú eres mi medio y mi fin. Mi felicidad. Tú lo eres todo para mí, pero hoy, en vez de sonreír con la vista en los últimos 7 meses, hoy, sólo sé llorar. No es por ti, lo sabes y lo sé, pero estoy apática y eso te duele. Me duele. Lo siento.
Te quiero.

viernes, diciembre 01, 2006

El apuñalamiento

Quiero apuñalar al espejo, ver cómo se va quebrando desde el centro hasta que quede completamente cubierto de lineas que corretean curiosas como los ríos en los mapas. Después, mirar cómo llora, cómo mi imagen se parte en mil y cae violentamente sobre el suelo. Quiero sentir cómo pedazo a pedazo, desaparece todo ese mundo, que no quede nada detrás del espejo.

Levantar el puño y que la sangre brote de mí como los presos huyen de una cárcel en una jornada de puertas abiertas. Quitar con los labios los pequeños cristales que han quedado incrustados en mi carne y dejar que las gotas se escurran por la mano hasta que terminen sobre el suelo, donde se mezclan con mis lágrimas.

Mirarme los ojos rojos entre el pelo largo y oscuro que me cubre toda la cara reflejados en el mundo que reposa a mis pies.

Inmóvil, blanca, desnuda. Con un sentimiento entre odio, rencor, miedo, frío, ansiedad. Me siento violenta. Cicatrices recorren mis muñecas y las ojeras acunan mis ojos albinos. No hablo, ni siquiera abro la boca. Aprieto fuerte las muelas, creo que en algún momento van a estallar.
Quiero apuñalar al espejo.

lunes, octubre 23, 2006

Echar de menos...

Es esa sensación que inunda cuando estás entre cuatro paredes, a oscuras y cierta canción sonando de fondo. La cabeza no está ahí, está donde él.
Ese vacío que se siente dentro con el que puedes jugar a hacer eco.
Esas ganas irrefrenables de llorar que se sienten cuando ves una foto.
Esa mirada perdida entre las letras de los apuntes mientras estás intentando estudiar.
Esas ansias por que los días pasen como estrellas fugaces en una noche de verano.

Ese saber que la otra persona siente lo mismo.
Esos te quieros que retumban durante horas en la habitación.
Ese despertarse y notar la cama fría.
Sin besos, sin caricias.
Sin ojos brillantes.
Sin sonrisas.

Irse a la cama cerrando los ojos para no ver que estás sólo.
Ese intento de dormir que desfallece entre la oquedad que se siente al saber que mañana abrirás los ojos y él no estará allí.


Tanto echarte de menos...
...al fin abro los ojos y te veo.




echar.
~ de menos, o ~ menos a alguien o algo.
1. (Del port. achar menos, hallar menos). frs. Advertir, notar su falta.
2. frs. Tener sentimiento y pena por su falta.

sábado, octubre 21, 2006

Mundos de jabón

Una noche de hace unos cuantos meses, estuve hablando con un amigo de nuestros mundos. De esos lugares que cada persona construye a su gusto, que decora con sus jarrones favoritos y donde su canción preferida se repite una y otra vez sin llegar a cansar.
El sitio donde hacer tus confidencias a las paredes de jabón, donde hay gente que se acomoda para pasar largas temporadas, de donde tienes que echar a patadas a quien no es bien recibido... Mundos donde vivir lo que realmente quieres vivir, perdiendo de vista todo lo que te hace daño, lo que intenta pinchar tu burbuja, lo que quiere que respires ese cielo contaminado de mentiras, odios y falsedades.
Este es mi lugar, en las paredes tengo a quien no puedo tener en persona. No es muy grande, pero caben todas las personas que me interesan: mi familia, mis amigos... y él. Cada uno está en su colocación exacta. Cada uno con su mundo, pero dentro del mío.
Ahora, recupero esa conversación de esa noche de invierno y le doy otro sentido. Su mundo y el mío, ya sólo es uno. Nuestras burbujas se unieron y ahora tenemos una más grande, para dejar entrar a más gente y estar siempre mirando al cielo, que ahora, ya no está contaminado.

martes, agosto 15, 2006

...supongo...

Leyendo las palabras que no se escriben.
Escuchando las palabras que no se dicen.
Imaginando caminos sinuosos por donde es difícil respirar. Atado con cuerdas que no dejan avanzar, mientras una risa se oye al fondo del pasillo. La lluvia intentando abortar mi plan de saltar, saltar ahí de donde subí ayudado por manos que parecían soltarse en el último momento. Caer con los ojos cerrados y la esperanza de que algún día alguien notará mi falta. Ni una lágrima, ni un lamento, sólo una mano en el fondo del pozo oscuro. Allá donde los gusanos son la parte más importante de la vida. Donde están los que no están. Donde estoy cuando no estoy. En el fondo a la izquierda, pasado el escenario de blanco y negro suelo y rojas cortinas, pasado el sillón que el olvido dejó olvidado el día que le abandonaron. En el fondo más oscuro me quedo quieto, esperando el viento que me levante.
Me siento y siento las cucarachas sobre mis pies. Algo desagradable a lo que ya me he acostumbrado, por lo visto, nadie nota mi ausencia todavía. Seguiré esperando. Alguien vendrá... supongo...